El concepto de “engaño” en la infracción por publicidad engañosa.

Conforme a la interpretación que han otorgado nuestros Tribunales, para configurarse un caso de publicidad engañosa es necesario acreditar tanto el elemento objetivo, es decir la efectiva compra bajo engaño; como el subjetivo o volitivo, que se refiere a la intención de provocar el error en la compra a través de un aviso publicitario.

Un reciente fallo de la Iltma. Corte de Apelaciones de Talca (rol N° 62-2018) confirmó, con costas, la sentencia dictada por el 3º Juzgado de Policía Local de esa ciudad, que rechazó tanto la querella por infracción a Ley N° 19.496, (en adelante “LPC”) como la demanda civil de indemnización de perjuicios deducidas en razón de la supuesta publicidad engañosa respecto a un proyecto inmobiliario.

1. Antecedentes del caso.

La querella presentada denunciaba que, pese a la oferta de unidades de un proyecto inmobiliario a un precio de 1.400 UF en distintos medios de comunicación, una vez que el querellante concurrió a la sala de ventas con la intención de reservar una de dichas unidades, le fue comunicado que el valor de los departamentos era de 1.800 UF.

Así, la pieza publicitaria fue tildada de engañosa al no haberse respetado el valor de los departamentos, pese a encontrarse dentro del período estimado de la oferta. Esto, a juicio de la actora, configuraría una infracción a la letra d) del artículo 28 de la LPC, que castiga a quien, a sabiendas o debiendo saberlo y a través de cualquier tipo de mensaje publicitario, induce a error o engaño respecto de alguna de las situaciones que allí se indican. En este caso, el engaño habría sido respecto al “precio del bien o la tarifa de servicio, su forma de pago y el costo crédito en su caso, en conformidad a las normas vigentes.”

Por su parte, la defensa de la inmobiliaria argumentó que la pieza publicitaria que se denuncia no presenta espacio para el engaño o confusión pues se indica claramente que el precio de los departamentos del proyecto comienza en las 1.400 UF. Ello se colige del uso del vocablo “Desde”, antes de informar el precio. En consecuencia, el proyecto sí contempla unidades al precio mínimo apuntado, pero también cuenta con otras de mayor valor, que eran las únicas disponibles al momento de la consulta del querellante.

2. El concepto de publicidad engañosa requiere del elemento volitivo.

De lo contrario, se presume la buena fe. Planteado el problema, el tribunal de primera instancia reconoce que la LPC define lo que se entiende por “publicidad” –en su artículo 1° N° 4- como “la comunicación que el proveedor dirige al público por cualquier medio idóneo al efecto, para informarlo y motivarlo a adquirir o contratar un bien o servicio, entendiéndose incorporadas las condiciones objetivas en la publicidad hasta el momento de celebrar el contrato. Son condiciones objetivas aquellas señaladas en el artículo 28”. No obstante, el texto legal no es igual de claro respecto a lo que se entiende por “publicidad engañosa”, pues simplemente se limita a señalar los aspectos en los cuales puede incidir la falsedad o engaño publicitario (Considerando 8°, rol 7024-2017 del 3° Juzgado de Policía Local de Talca).

Así las cosas, ante la falta de un concepto legal, el tribunal interpreta que es engañosa aquella publicidad que induce al error o engaño en el precio del bien o servicio y su forma de pago. En efecto, la sentencia advierte que no basta con la constatación de una omisión o error en la publicidad, sino que debe concurrir un elemento subjetivo, cual es la intención de provocar el engaño, al señalar que es el propio artículo 28 de la LPC requiere de este elemento volitivo, como una manifestación de mala fe.

En conclusión, el tribunal decidió desechar la querella y demanda civil por considerar que “no se acreditó de modo alguno la mala fe del oferente, en orden a intentar engañar o inducir a error al público, no existiendo antecedentes en autos que permitan presumir dicha mala fe (…)” y “el Tribunal debe considerar la presunción de buena fe, que solamente puede desvirtuarse, precisamente, probando la mala fe.”

3. La sentencia viene a confirmar una sostenida jurisprudencia.

A la misma conclusión ha arribado previamente el Tribunal de Defensa de la Libre Competencia, indicando que la publicidad es engañosa cuando no es veraz, no es objetiva, ni demostrable. Así, un mero defecto u omisión en una pieza publicitaria no es necesariamente idónea para configurar la infracción, sino que debe acreditarse este elemento subjetivo o volitivo, es decir, que el proveedor configuró la pieza publicitaria con contenido errado a sabiendas y con el propósito de inducir a error o engaño en la venta.

Muy recordado es el caso de los estudiantes de la carrera de perito criminalístico en que llegó a debatirse ante la Excma. Corte Suprema, si constituía publicidad engañosa respecto a la empleabilidad de la carrera, el haber incluido en la pieza los logos de diversas instituciones públicas de orden y seguridad, así como la aparición de altos funcionarios de Investigaciones de Chile, jueces de la República, entre otros, en los afiches objeto de ese litigio.

En aquel punto, el Máximo Tribunal Nacional sentenció que si bien (los logos e imágenes que daban cuenta de convenios) fueron incorporados en la página principal del material gráfico y pudo haber atraído y cautivado de mejor forma el interés de los actores, constituyéndose en un elemento de “enganche” o “anzuelo” (…) “tal interpretación del significado o sentido de tales logos puede entenderse sólo tras una simple o rápida mirada de dicho material gráfico.”

Sin embargo, el estándar al que estaban llamados los actores (estudiantes) al decidir su futuro laboral iba más allá de esa mirada rápida, por lo que “el estudiantado debió interiorizarse en qué consistían dichos convenios” , los que se referían solamente a otorgar rebajas arancelarias, becas y facilidad de pago a sus funcionarios y a los hijos o cónyuges de éstos, para acceder a la carrera sub-lite, comprometiéndose las instituciones a facilitar el cumplimiento de la práctica profesional en sus instalaciones. Dicho esto, no pudo “inferirse ni interpretarse de lo anterior que el logo fue incorporado con la intención dada por los actores, cual es, de garantizarle al estudiantado su inserción y futuro profesional en las instituciones señaladas”.

4. Conclusiones

De lo expresado aparece cada vez más claro que el concepto de “engaño” en materia de publicidad debe ser interpretado en sentido estricto, pues incorpora un elemento subjetivo o volitivo por parte del proveedor del bien o servicio, esto es, su intención de provocar el error en la compra a través de un aviso publicitario.

Además, resulta relevante constatar que para nuestros Tribunales existen deberes o estándares de conductas también desde la perspectiva del consumidor, los que serán claves a la hora de analizar la ocurrencia de una infracción por publicidad engañosa.