Artículo de Camila Vergara a propósito del TLC Chile-Corea, su modernización y nuevas oportunidades en inversión

Chile y Corea: a 22 años del TLC, modernización y nuevas oportunidades en inversión, servicios y economía digital

Por: Camila Vergara, abogada de Ovalle / Consejeros Legales, en el marco del Día Nacional de Corea.

El Día Nacional de Corea, celebrado el 3 de octubre, nos invita a observar la relación existente entre Chile y dicha potencia, cuyas relaciones diplomáticas se mantienen desde 1962, alcanzando uno de sus auges el año 2003 con la promulgación del Convenio para evitar la Doble Tributación y luego el año 2004, al marcar un hito en materia económica en la región latinoamericana al suscribir, ambos países, un Tratado de Libre Comercio (TLC). Consistió en el primer instrumento de tal naturaleza entre Corea del Sur y un país de la región, vinculando así una economía asiática con Latam y sentando las bases de la Asociación Estratégica vigente entre ambos países desde el año 2022.

Dos décadas después, el escenario económico es sustancialmente distinto. El desarrollo de la tecnología se ha traducido en una digitalización de la economía, dando lugar a una nueva realidad económica que ha introducido nuevas formas de comercialización e inversión. En ese sentido, se ha instaurado el comercio electrónico como un actor central en el marco de la contratación internacional, la prestación de servicios ya no requiere presencia física y, en general, las cadenas de valor globales se encuentran en un proceso continuo de transformación impulsado, entre otros, por estos fenómenos que han tendido a modificar la forma en que las empresas estructuran sus operaciones a fin de producir, comercializar y distribuir bienes y servicios.

Es precisamente este contexto cambiante el que impulsa una modernización del TLC, razón por la cual se han llevado a cabo nueve rondas de negociación, desde el año 2018, abordando materias como economía digital, acceso a mercados y propiedad intelectual. Asimismo, se han suscrito diversos Acuerdos de Cooperación entre ambas naciones, reconociendo de tal forma la relevancia de la relación comercial existente y la necesidad de constante actualización.

El potencial de esta modernización es especialmente relevante al considerar el alcance del intercambio comercial bilateral, que pasó desde aproximadamente US$1.800 millones al momento de la entrada en vigor del acuerdo en 2004 a los US$6.991 millones el 2025. Mientras las exportaciones chilenas sumaron US$5.187 millones, las importaciones provenientes de Corea alcanzaron US$1.804 millones. Sin embargo, la relación comercial no se agota en el intercambio de mercancías, sino que también debe considerarse el interés de importantes conglomerados coreanos en oportunidades de inversión en nuestro país en diversos sectores estratégicos, como la minería del cobre y el litio, que se ha traducido en la progresiva presencia de empresas coreanas en Chile y, a su vez, en la expansión de empresas chilenas hacia el mercado asiático.

La competitividad de un acuerdo comercial no radica únicamente en la reducción de aranceles, sino que su impacto debe medirse también atendiendo todo tipo de barrera comercial, tomando en cuenta su capacidad para posibilitar el desarrollo del comercio (hoy, especialmente, en materia de economía digital y sostenibilidad) y con el fin de alinear las regulaciones entre los Estados que lo suscriben.  

De esta misma forma lo han entendido Chile y Corea, al incluir en el texto vigente del Tratado capítulos relativos a inversiones, comercio transfronterizo de servicios, telecomunicaciones y otras materias. Así, se visibiliza la posibilidad de adaptar el marco jurídico bilateral a una relación comercial en que la inversión, los servicios y la tecnología ocupan un rol protagónico cada vez mayor.

Se hace evidente que la modernización del TLC no debe entenderse como una cuestión meramente arancelaria, puesto que su verdadero alcance dice relación con la facilitación de un entorno más adecuado para inversiones, servicios, tecnología y, en general, negocios de carácter digital.

En efecto, la llegada de una empresa coreana al país no se agota en la inversión inicial, sino que debe tomarse en cuenta la cadena de operaciones sucesivas que se desencadena y que adquiere relevancia jurídica y que, por tanto, requiere reglas claras y previsibles. De la misma forma, el ingreso de una empresa chilena al mercado coreano no se agota en la internacionalización de sus operaciones, sino que también ha de considerarse el conjunto de relaciones que se generen a propósito de ellas.

En este sentido, la actualización del TLC cobra especial relevancia si se dirige a favorecer el establecimiento de un marco regulatorio para la ulterior cooperación, que sea capaz de acompañar ambas dimensiones de la relación bilateral, facilitando tanto la inversión coreana en Chile como la expansión de empresas chilenas hacia Corea. 

Chile y Corea mantienen hoy una relación comercial consolidada y en constante expansión. Por eso, el desafío de esta próxima etapa será transformar esta relación en nuevas inversiones y nuevos negocios considerando la posibilidad de integrar cadenas de valor globales, acompañada de un marco normativo que otorgue certeza jurídica a quienes decidan apostar por ambos mercados.